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No conozco a muchos que hayan tenido oportunidades en la secundaria como las que yo tuve. No sé de persona alguna, cuyos maestros, aún décadas después de la graduación, hayan seguido siendo fuente de inspiración y de apoyo. Yo tuve dos, aunque ahora no sé si sólo me queda uno.
Estos últimos meses he sufrido la pérdida de un gran héroe. No física, más bien emocional. Y el descubrimiento de esa persona tan distinta a lo que me demostró de niña, me ha llenado de una angustia inmensa.
Mi experiencia con ellos trascendió los horarios de clase y el campus escolar. Fueron un par de educadores que llenaron el vacío que deja la inmigración a nuevas tierras, la desventaja lingüística, el desconocimiento de mis propios padres de la cultura y el sistema educativo americano. ¿Qué si fui afortunada? Un simple “sí” sería casi un insulto.
Muchos fueron los días que acompañé al director del programa de televisión a la sede de la junta de educación, donde estuve plenamente al tanto de los chismes que recorrían los pasillos y divulgaban los miembros de aquel burocrático organismo. Fue fácil, nadie se cohibía ante la presencia seudo-fantasmal de una niña que apenas se dejaba escuchar, cuya armonía con el silencio la hacía convertirse casi en una sombra; la de aquel señor tan alto y presuntuoso, determinado en desarrollar la personalidad que yo resguardaba como si fuera el más preciado tesoro.
Lo acompañé a entrevistar al alcalde, al vicegobernador y a periodistas de las principales cadenas de la ciudad de NY. Me consiguió una pasantía pagada, mucho antes de mi ingreso a la universidad. Creo que sólo me dio clase un día, y lo que dijo fue que lo único que necesitaba para aprobarla era saber cómo él prefería su café, porque después de allí, “no debía JAMAS de buscarle café a nadie”. Durante el verano de mi último año, y pese a mi fuerte protesta, me hizo aceptar un trabajo de edición para una organización artística. Los seguí durante todo el proceso de esculpido de unas piezas de mármol. El proyecto que hice a puras pataletas y boches, culminó con un reconocimiento del alcalde y una ceremonia que yo, la verdad, no merecía.
Por sus manos pasaron todos mis ensayos y poesías, y discutía con él todo el tiempo, especialmente cada vez que iba a su oficina con “una obra de arte” y salía con mis papeles marcados de rojo casi en su totalidad. Era una fuente de conocimiento que desde el principio entendí que no podía desperdiciar. Todo el mundo le temía. Me defendió con uñas y dientes de cualquier maestro injusto, a veces demasiado. A uno en particular, que se vanagloriaba por haber ido a la Universidad Columbia, por poco le cae a golpes por una historia demasiado larga, pero que resumo diciendo que era un latino que me reprochó el que yo pasara tanto tiempo con “esos gringos”.
A papi le dijo un día que quería que su hija fuera como yo cuando creciera. Y no sólo para mi fue un segundo padre. Mientras otros chicos le rogaban a sus papás por boletos a conciertos, mis compañeros de clase y yo implorábamos por una noche detrás de camerinos junto a Maná, por ejemplo. Llegamos al Palladium en limusina y nos pasamos una noche inolvidable al lado del grupo mexicano, Rubén Blades y King Changó. Y aunque fueron los veteranos de guerra quienes costearon gran parte de mi educación universitaria, no los habría podido conseguir sin él. No podrían entender mi profundo dolor si no supieran antes esos detalles; porque la deuda que le tengo a ese señor es y será siempre eterna.
Al terminar la universidad, y recibir una oferta de trabajo en la Florida, fui a pedirle consejos. “¡Vete!” Y me fui al Sur a probar fortuna, sin cama, sin muebles, sin siquiera un sitio donde vivir. El 11 de septiembre ocurrió mientras yo estaba allá. Después de cuatro buenos años decidí regresar a NY. Siempre mantuvimos contacto. Y un año o dos después, me lo encontré en un supermercado. Mi gran ídolo había envejecido tanto. Parecía un león sin trono. Ya me había enterado que el programa de televisión no era igual que antes. Aquella exitosa operación había sucumbido ante un conflicto interno. El me contó su versión. Pero ya yo había escuchado otra, y decidí darle su trozo de valor a ambas partes.
Hace poco descubrí que se había convertido en una persona amargada, intolerante y sí, racista. Después de la ley de Arizona, lo noté mas radical, anti-inmigrante, insensible. Hablaba de artículos que denigran a los indocumentados, desprendía tanta intransigencia hacia el español, y responsabilizaba a los nuevos residentes de este país de todos los problemas que ahora sufre.
No pude evitar recordar aquella vez que me hizo pasar las memorias de su padre italiano en un archivo de computadora y se lamentó no haber aprendido la lengua de sus antecesores. ¡Cuánto trabajo había pasado aquel señor, nada más y nada menos que como inmigrante! Pero la similitud que yo veo entre ambas situaciones parece inexistente para él y para muchos más en esta nación.
Estos últimos meses el conflicto me ha revuelto todo el interior. Ha puesto mi poesías de cabeza. Mi único recurso era conversar con alguien que pudiera entender la situación por la que estaba pasando, alguien cuya amistad, por cierto, había descuidado. Cuando escuché su voz no sólo pude enmendar el daño, sino que encontré el poco de alivio que buscaba; en alguien que había vivido lo mismo que yo durante esos momentos tan preciados. Me reconforta ahora, porque después de tal desilusión, reforcé los lazos de una amistad muy especial. En cuanto a mi maestro, no creo que exista palabra ni argumento que le haga cambiar de parecer. Y yo me resigno a soportar el tormento, dentro de una frase que siempre me repitió mi propio padre, “a las personas hay que quererlas tal y como son”.
El tiempo hace estragos, y no perdona a nadie
ResponderEliminarMe alegra leerte, después de tanto tiempo. Tu ausencia por estos lares se hace notar
Un escrito hermoso, fresco, bien llevado por esos rincones del pensamiento que me han emocionado grandemente.
ResponderEliminarTus pasajes inolvidables Themys que fueron construyendo una vida entera, valiosa y productiva.
Son dolorosos esos cambios en personas que son queridas y en algún momento una luz en el camino.
Las palabras de tu padre son sabias. Un placer volver a leerte. Un fuerte abrazo.
Una gran lección, Themys.
ResponderEliminarLa vida da vueltas y muestra caras que solo son visibles con el tiempo, pues dependen de como vivamos y asumamos nuestros triunfos y derrotas. Lo bueno es que en ocasiones la vida y nosotros encontramos la cara de la equis.
Abrazos.
Dichosos los ojos que vuelven a verte de nuevo.
ResponderEliminarNada que añadir a tan hermoso canto a la amistad, que se resume a la perfección con "a las personas hay que quererlas tal como son". Lástima que la intolerancia se cebe en personas tan valiosas.
Un placer volver a leerte.
Un abrazo
Beelzenef, tienes toda la razón. Es el tiempo y tantas cosas más.
ResponderEliminarLos extraño muchísimo, tengo que alargar los días, que no me dan abasto. Un saludo.
Delfin, gracias, no creo que cambiaría nada, tal vez lo habría aprovechado mejor, pero sí, es una persona muy querida y espero que algún día pueda encontrar un poco de paz interior.
Abrazos.
Argénida, esa otra cara jamás pensé que me la encontraría, pero las cosas son como son. Yo creo que fue un hombre que se exigió demasiado de sí mismo y las cosas no resultaron como él pensaba. Pero aunque nos distanciemos, seguirá siendo inolvidable.
Mateo, tu visita me llena de mucha alegría. Espero que estés bien.
Con todo y todo, yo tengo esperanzas de que algún día él vea las cosas con otros ojos.
Un abrazo.
Themys
Querida Themys,
ResponderEliminarSon tiempos difíciles, no sólo a nivel individual, sino también en el plano colectivo. Hay mucha tensión acumulada y los miedos atávicos florecen en estos momentos y si no es el lugar de origen, es la etnia, la religión, el sexo o la condición social lo que crea brechas, distancias y desigualdades.
No sé lo que le pasa a tu profesor, pero quizá antiguos fantasmas y traumas han salido a la superficie y él también esté sufriendo (aunque no sea consciente de ello), por eso le has visto tan consumido. Somos un manojo de emociones y vivencias muchas veces contradictorias, pero creo nada puede borrar la gratitud que sientes por todo lo que él hizo por ti.
¡Siempre es un placer leerte!
Te dejo un abrazo muy fuerte y un fragmento de Pessoa
“Qualquer caminho leva a toda a parte
Qualquer caminho
Em qualquer ponto seu em dois se parte
E um leva a onde indica a estrada
Outro é sozinho.
Uma leva ao fim da mera estrada.
Pára onde acabou.
Outra é a abstracta margem
[…]"
es una pena que alguno de nuestros mentores cometa suicidio intelectual, y sin más que decir, te acompaño en el duelo, me paso también.
ResponderEliminardeshora.
Hola! tanto sin saber, de vuelta con un ramo marchito en las manos...
ResponderEliminarTodo en la vida tiene fecha de caducidad, excepto el recuerdo, que a muchos es lo que nos hace seguir, porque venir a vivir una vida donde todo se acaba es una que nadie quisiera...
Los idolos se recuerdan con mejor sabor si les haces un monumento en tu alma, asi, cuando le veas, puedes seguir haciendo como si ello no fuera humano, y aun tu heroe favorito.
Saludos!
Gárgola, tu observación es muy, muy acertada, especialmente porque no es el tipo de persona que aceptaría jamás que está sufriendo. Me encantó el fragmento, y me lo quedo, gracias!!!
ResponderEliminarAmorexia, de por sí, no hay mejor forma de describir lo sucedido que con suicidio intelectual.
Jean, seguirá siendo mi ídolo por más por lo que fue, que por lo que pudiera ser.
Abrazos.
La gente cambia, a veces de manera tan radical, que es preferible apartarse y rendir homenaje al buen tiempo que alguna vez se compartió.
ResponderEliminarUn abrazo
Hola, Themys:
ResponderEliminarMe alegra volver a visitarte, encuentro un escrito muy profundo y lleno de sentimientos encontrados, esa es la vida y las personas cambiamos para bien o para mal.
tal vez lo mejor sea aceptar las realidades tal y como son,
abrazos.