martes 31 de marzo de 2009

En tiempos de crisis, cada chelito cuenta

Empiezo mi regreso por contar una historia, que desde hace tiempo me viene persiguiendo. Lo hago en este momento, para olvidarme que aún no logro salir del cubil donde me tiene atrapada una entidad amorfa, enemiga de la inspiración. Si me atrevo a describir este lugar, al que caí poco después de terminar mis días libres hace una semana, diría simplemente que es un escondrijo húmedo y sombrío que desvanece cualquier estímulo creativo en la misma puerta por donde, poco antes, retumban los ecos de sus últimos suspiros.

Volviendo a la historia, digamos primero que cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. Trata sobre una mujer verdaderamente despreciable, que agasaja a sus compañeros de trabajo cuando están de frente y cuando no, se pregunta por qué fueron contratados, que se convierte en una gallina sin cabeza cuando hay una situación de emergencia en la oficina y para esconder su falta de carácter, cree que con gritar, correr y maldecir se transforma en una líder poderosa.

Me cuentan que en una ocasión, cuando fue a recoger su auto del estacionamiento donde los empleados reciben un descuento, le llovió maldiciones a uno de los trabajadores del parqueo porque no se lo aplicaron. El cajero le explicó que ella no había mostrado los documentos necesarios. Y la mujer le reclamó que tiene no sé cuántos años estacionando su auto en el mismo lugar y siempre tiene que dar pruebas. El hombre, machucando el inglés, le explicó que ya había pasado la tarjeta de crédito y no podía hacer nada para ayudarla. Ella echaba humo.

De nada habría servido explicarle la importancia de los buenos modales, de saludar a los que estacionan los vehículos y dar las gracias, o más fácil aún, de sonreír, si acaso no le da la gana de abrir la boca. Lo más triste del asunto es que hay personas, y no digo que ella sea una de esas, que creen que en lugares como aquel; donde los empleados, inmigrantes cojos en el idioma, no merecen el mismo trato que personas que también realizan labores relativamente simples, pero que sí dominan el inglés.

Me consta que hay individuos que sí tratan de ser amables, y sin presentar ninguna identificación, reciben no sólo su descuento, sino que les sacan el auto de los infinitos escondites del parqueo subterráneo, con suma rapidez.

Alguien logró verla el otro día en la misma cabina. Se le cayó una moneda al suelo. "Son sólo veinticinco centavos", dijo. Y dos señores canosos, con pinta de ricachones, que estaban ahí dentro le recordaron, de manera burlona, que a ella cada monedita debería contarle en estos tiempos de crisis. En ese momento no salió la fiera que abusa de sus compañeros y le grita al inmigrante, se agachó herida a recoger su moneda y se fue, calladita, a esperar su vehículo.

11 dejaron una pista:

  1. Themys bonita:))) que bueno tu regreso. Se extrañaron tus letras mucho pero mucho mucho...
    La entrada genial!! te lo voy a copiar para referirme a una situación personal, es perfecta la descripción y tan poética que hasta da gusto estar en una situacioó así.(espero salgas salgamos de ella ilesas)
    La historia, de cada día, estos personajes abundan, me pregunto si ella te lee se reconocerá????
    Un gran abrazo.

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  2. ¡Bienvenida de nuevo! Es muy triste éste tipo de seres,ninguna persona es menos que otra, la prepotencia, el poder mal entendido. Un saludo, una sonrisa, el ser educado no le quita nada al contrario se retribuye con agradecimeinto. Un abrazo.

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  3. Hay una técnica muy buena...
    Si se te caen veinticinco centavos, tú tiras al suelo diez dólares...
    Y dices: "Yo por veinticinco no me agacho, pero por diez con veinticinco sí...
    Saludos...
    Ramón...

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  4. La amabilidad, y una cortés sonrisa abren muchas puertas. Realmente, esas cosas si cuentan, y una vez acumuladas, sin nosotros saberlo, da maravillosos frutos.

    Una historia genial, como todo lo que leí en este lugar. Te sigo leyendo.

    Un abrazo

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  5. Indeseables. Mugre de las grandes ciudades y de los pequeños pueblos. Personajes prepotentes y elementales que conminan la vida.
    Se dice con desprecio que los maeducados o malamprendidos practican ciclismo, porque agachan el lomo con los "de arriba" y patean a los "de abajo".
    Otro texto exquisito de la big Themys.
    Y otro abrazo agradecido de tu amigo el REL

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  6. Me es tan conocido este cuadro que pintas, tengo justamente un ser asi de despreciable en mi lugar de trabajo, que trata a la gente como si fueran cosas utiles y no seres humanos! a veces me pregunto¡porque llega esa gente a tener poder! seguramente porque sabe cortar cabezas!!!!
    cosas que yo no hago, por eso ella esta en mi lugar y yo dependo de ella!!!!!
    Gracias, me has traido un buen amanecer que me aclara mas quien es quien y como el resto del personal ve a ese tipo de gente!
    Un besote

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  7. Preciosa historia que llega a lo profundo. Un gusto leerte. Saludos.

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  8. Hola Themys!
    Me alegra que estés de regreso! (Aunque imagino que a ti no jajaja, qué lindo es estar de vacaciones ainsss)
    Este escrito es tan cierto, a veces encontramos en nuestro camino a seres tan repugnantes que piensan que están por encima de los demás por el simple, y banal, hecho de un cargo (o del dinero) que sientes deseos de abofetearlos; pero creo que el por castigo para ellos es la indiferencia, si los ignoras los matas. Y lo mejor de todo, a cada santo le llega su hora, algún día sucumbirán por algo, está probado que el que la hace la paga, sólo que hay que dejarlos en su vida miserable. El valor de las personas está en ellas mismas, no en lo que adquieren materialmente.
    ¡Es tan linda una sonrisa, y significa tanto!
    Me ha gustado esta reflexión.
    Un beso.

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  9. Es una pena que haya gente que no sé dé cuenta de que justo cuando creemos ser mas que los demás, somos menos, y que sean serviles y fieras según el interlocutor, ese ese es su problema...

    Saludos a deshora.

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  10. La amabilidad cuesta tan poco y mueve montañas... Pero hay una cosa que me irrita más que la prepotencia: la amabilidad fingida o interesada, es doblemente peligrosa, porque no te puedes defender.
    Un gusto volver a leerte.

    Besos

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