Se enamoró desesperadamente. Pero él ya se había cansado de perseguirla, aunque haya sido a su propio modo. Desde mucho antes, se había prometido olvidarla. Sin embargo, ambos sentían un ardor cada vez que se topaban por cualquier pasillo. Su amor les daba miedo, a menudo se escondían el uno del otro en el recreo y por más que intentaran tomar una ruta distinta hacia cualquier destino donde fueran, siempre escogían el mismo camino.La sensación al verse era tan intensa, que se hacía casi insoportable, aunque la de no verse era mayor. En los últimos días, Adalgiza le preguntó sobre sus planes, y él se limitó a decir que se marchaba a la capital a trabajar, que no tenía ninguna intención de seguir estudiando. Adalgiza se encerró en su cuarto durante días, apenas comía y ese arrebato, según la fecha, coincide con el momento en que sus hermanos dicen empezó a volverse loca.
Yo nunca la vi cuerda. Era incoherente a veces, y otras, como dormida en vida. Cada persona que compartía el nombre de alguno de sus dos amores corría una muy buena suerte con ella. Cuando la ponían a atender el colmado de su padre, preguntaba el nombre de todos los clientes de sexo masculino y era incapaz de cobrarle a cualquier muchacho que se llamara Francisco o Fernando. Estaba convencida de que todas las cualidades de sus dos amores se originaba en sus nombres y que podría volverlos a encontrar en cualquier persona que se llamara igual. "Por algo la gente nombra a sus hijos en honor a alguien, para que sean como ellos", escribió. Por eso buscaba en cada Fernando la dulzura y el amor inocente de su Fernando; y en cada Francisco, la timidez y el misterio de su Francisco.
Cada vez que veía a alguna embarazada, le rogaba que escogiera uno de esos nombres para su bebé. Su padre tuvo que sacarla del colmado porque los muchachos del barrio comenzaron a agarrarle el juego, pero ella seguía esclava de sus dos recuerdos. Sucedía lo mismo en cualquier empleo que conseguía y en cada lugar por donde andaba. Sus anhelos se multiplicaban con el simple conocimiento de la existencia de un Francisco o un Fernando hasta tal punto que se pasaba tardes enteras hablando barbaridades sin sentido.
Empecé a revivir recuerdos que había borrado completamente de mi memoria, como cada vez que me llevaban de visita a su casa, cuando mi tía me contaba algún detalle sobre Francisco, sobre su naturaleza y su carácter, un montón de maravillosos relatos; que si era compositor, que si adoraba los caballos, que si era inteligente, fino, bueno, amable, tierno, respetuoso, en fin, el hombre perfecto.
Luego me planteaba toda una teoría sobre cómo mi vida corría por un camino predestinado, que todas mis decisiones obedecían el orden de las letras de mi nombre, que cada aspecto de mi temperamento era una prueba de mi interior tratando de reconectarse con mi verdadero yo: el que pautaba mi nombre. Yo era muy niña para entender muy bien la magnitud de su locura, y en realidad la escuchaba durante horas, a veces sin prestarle mucha atención, sólo porque me daba lástima verla tan sola.
Por eso, cuando con el tiempo, dejamos de visitar, olvidé todo aquello y mi vida transcurrió pensando cada vez menos en tía Adalgiza, hasta que apenas la recordaba. Cuando murió, y terminó este cofre frente a mi puerta, lo mío era más una curiosidad sucia, casi malévola, como la del que busca algo para reírse y contarlo luego. Pero al leer su diario comprendí por qué el cielo se había oscurecido y decidí guardar el cofre, esconder la llave y contarle absolutamente nada a mi esposo Fernando ni a mi hijo Francisco.
FIN.
Foto: Internet
Hermoso cuento, excelente final.
ResponderEliminarEs así, lasvpersonas nos marcan, mucho más de lo que podemos creer, y lo que nos han implicado con sus palabras y sus historias, aparece por donde menos se lo piensa.
Dicen que el melancólico es alguien que se tragó un muerto. Un pecado que algunos no puedan hacer sus duelos.
Los secretos de las tías viejas son fascinantes.
Hace unos años conocí en la red a un compatriota, con quien tenemos la capacidad de unirnos espontaneamente en el juego. Y así como de la nada, estuvimos cerca de un año, escribiendonos mailes, donde íbamos inventando una historia de dos chicos, que descubren secretos, en la buhardilla de la casa, de unas tías viejas.
Un abrazo
El fino hilo que une el amor y la locura, me gusta la magia de tus historias.
ResponderEliminarBesos:))
Mujer...
ResponderEliminarQue cada día de tu vida traiga:
La sonrisa de un amigo, mucho amor,
una esperanza fresca cada mañana,
el recuerdo de un momento inolvidable, un futuro lleno de esperanzas e ilusiones y la posibilidad de que tus sueños se hagan realidad.
Con amor:
Rafael Humberto.
Y el final la guinda.
ResponderEliminarUn relato muy bueno.
Escribes fantásticamente bien.
Besos.
¡Excelente! Un relato excelente (así, repito)
ResponderEliminarMira Temhys, no soy de adular cuando algo no me gusta, y te digo que debías presentarlo a algún concurso; estoy segura. Tiene calidad literaria, matices, y un final que es pura poesía. Cuando vi que estaba casi por terminar temía pensando qué habías hecho para llevar la historia tan amena y lograr que cerrara bien (mirando que sólo me faltaban un párrafo) cosa difícil… ¡Y me encantó!
Perdona el atrevimiento, acá te dejo esta página porque hay de todo, especialmente relatos. http://www.escritores.org/recursos/concursos.htm
Te felicito.
¡Ayyyyyyyy, quiero decir muchas cosasss!
Besos
Era "faltaba".
ResponderEliminarPerdón.
Themys, además de ser un excelente relato tiene un contenido con un color tan latinoamericano, tan "Gabo" que lo hace aún más importante. El remate es espectacular, qué inquietante es esa fina linea entre la cordura y la locura!
ResponderEliminarAbrazo enorme, Themys, y todo el cariño y la admiración de tu amigo REL
La fragil linea que nos separa de la locura y en ocasiones nos acerca.
ResponderEliminarUmma1, demasiadas veces me voy acordando de formas en que otras personas me han impactado sin haberlo reconocido en su momento... ese era uno de los temas que intentaba presentar.
ResponderEliminarMe gustó eso del melancólico, puedo pensar en tantos que se han tragado muertos.
A mi sí que me encantan los cuentos de las tías viejas. Es fascinante que hayas podido lograr esa conexión con tu compatriota, poder compartir una historia de ese modo debe ser muy enriquecedor. Las casas de las tías guardan tantos cuentos, un perfecto lugar para basar una historia.
Angeles, gracias... eso de deambular por esos bordes de locura pueden ser muy interesantes.
Rafael, gracias por esas bellas palabras. Un abrazo.
Toro Salvaje, gracias, me alegra mucho que te haya gustado el final.
Vivian, gracias, tus palabras significan muchísimo, y es porque he leído tus maravillosos relatos y poemas. Qué bueno que te haya gustado.
Alguna vez, he pensado en lo de los concursos de cuentos, pero no me he atrevido nunca. Voy a revisar esa página gracias por el link.
Te agradezco muchísimo tus palabras y tus visitas. Besos.
Roberto, que chulo que te guste. Me alegra que se sienta ese color, y esa línea, creo yo, que todo el mundo la cruza de vez en cuando.
Hipolitta, tienes toda la razón... gracias por visitar.
Abrazos.
Themys, los relatos me atraparon. Es difícil decir algo así cuándo siempre me gustan lo que escribes, pero estos me parecen excelentes, los mejores entre los tuyos.
ResponderEliminar¡Felicidades!!!
Besos
Una historia poema muy linda pero la ilusión y la esperanza de vida no hay que perderla núnca,en un par de días hará medio año que fallecio mi esposo,crei morir y los amigos/as de Intrenet y particulares y familiares me han hecho empezar desde el nº 1 y veo que la vida es aún bella.
ResponderEliminarbesos
Marina
Gárgola, jaja... agradezco muchísimo tus palabras... Me alegra mucho que te guste.
ResponderEliminarMarina-Emer, no puedo imaginarme tu pérdida, qué bueno que hayas podido encontrar una red de apoyo que te ayude en estos momentos tan difíciles. Gracias por tu visita, me siento muy afortunada.
Abrazos.