El sol jamás volvió a brillar como aquel día. Quizás porque una parte de ella se quedó en las escalinatas del palacio de Bellas Artes, o quizás fue en el salón de pintura, o del otro lado de la puerta de una de las clases de danza. El caso es que esa partecita permaneció atrapada en la vieja estructura para siempre.Tenía apenas 9 años, largos rizos rubios, que saltaban, inocentes, como su espíritu. Recorrió con su pincel en el aire el contorno de una caravana de elefantes blancos en el cielo, que luego se convirtieron en un ferrocarril de tres vagones, y más tarde, en una enorme bota nívea. Pero un barco pirata anclado detrás de un pequeño arbusto se la llevó a alta mar hasta que un par de zapatitos de ballet, negros, hilvanaron un pentagrama tropical en los escalones de lo que para entonces, se había convertido en un castillo de hielo. Otra clase de danza acababa de terminar, y detrás de los zapatitos salieron cuatro o cinco niñas más, vestidas de oscuro y comentando sobre una emocionante presentación próxima.
De repente, las enormes columnas del palacio separaban largos pasillos en el laberinto del Minotauro, y los recorrió todos, sin ser alcanzada por el mítico monstro, aunque, ella estaba segura de que él era en realidad un animal bueno, y no se la comería.
Giró de nuevo hacia las escaleras, las bailarinas se marchaban sonrientes de la mano de sus respectivos progenitores. La avenida del frente empezaba alborotarse. Más y más carros competían por llegar primero a sus destinos, y ella, alegre aún, contó siete cepillos Volkswagen; dos amarillos, un verde, un rojo y tres naranjas. El cielo, empezaba a bostezar.
Se acercó de nuevo al jardín, una bellísima flor de cayena roja la hipnotizó. ¡Pero cómo no la había visto antes! Era una flor hermosa, igualita a la de los libros de ciencia. Sabía que no debía arrancarla de allí; era, de verdad, una maravilla. Había visto muchas, pero nunca una como esa, tan perfecta, tan delicada. Miró hacia todos lados, sujetó suavemente el pedúnculo, los pétalos le susurraban que eran de ella, mientras se mecían suavemente sobre sus dedos blancos, y el verde vivo de su tallo la embriagaba lentamente bajo un rayito de sol, adormecido. Tiró de ella con ternura. En un par de segundos la había retirado de su seno y la admiraba entre sus manos azucaradas con una sutil esencia infantil. Una ráfaga de adrenalina le calentó el pecho, como un trago robado, de licor.
Volvió a las escalinatas para admirar su botín verde y rojo con besitos amarillos. Miró hacia el interior del edificio, uno de los portones todavía estaba abierto, el olor a libro viejo, a leyendas, a pintura y sal que dominaba todo el interior, aún podía sentirse rodar por los escaños mientras el sol comenzaba a ponerse la pijama. Una mirada al horizonte le aguó los ojos. Ya era tarde. Casi todos se habían ido y ella buscaba desesperada alguna señal del automóvil, que después de un rato, apareció de repente, justo cuando una lágrima remojaba su mejilla izquierda.
No te preocupes, le dijo el chofer de su padre. Ya no habrán más clases de pintura y a él no se le volverá a olvidar que estas aquí. Con el cambio de gobierno nos quedamos todos sin empleo.
Lo que yo en realidad quería hacer era terminar la historia de Melita, pero creo que fue el profesor Juan Bosch quien dijo algo como que, al escribir cuentos uno se tiene que dejar llevar por los personajes, que puede uno comenzar a escribir una cosa y ellos terminan dirigiéndote por otra (si me equivoco, me lo dicen, porfa). Eso es más o menos lo que me ha pasado con Melita, y mientras me pongo de acuerdo con mis personajes, se me ocurrió otro relato. Y cómo todo este espacio es para practicar, aquí lo dejé.
Foto: Internet
Es un relato maravilloso, mágico, etereo con el remate sorpresivo de un martillazo de actualidad...Parece la metáfora de este mundo falso en ambos niveles: el de la fantasía y el de la realidad.
ResponderEliminarUn abrazo enorme, Themys
Besos
REL
Pasaba a saludarte y aqui que me encuentro con un laberinto, un minotauro y sin empleo!
ResponderEliminarOjala que todos encontremos el hilo de Ariadne que nos conduzca a fuera del laberinto.
El mejor Palacio es nuestro mundo interno y nuestra creatividad, la unica que, en tiempos de crisis nos salvara de la falta de empleo.
ASi que, no perdamos la calma, respiremosmporfundo y veamos en nuestro interior con que reursos contamos!
Beso grande
veamos con que RECURSOS internos contamos, digo....
ResponderEliminarRESPIREMOS PROFUNDO, digo
Y…la vida tiene estos giros….
ResponderEliminarEn esta maravillosa fantasía logras hacernos ver como en un gran espejo mágico.
Un abrazo.
PASO NUEVAMENTE POR AQUI ESPECIALMENTE PARA INVITARTE A QUE PASES POR ALGUNO DE MIS BLOGS A LEER EL MANIFIESTO Y SI TE PARECE BIEN LO PUEDES COLGAR UNOS DIAS EN TU BLOG ESTA EN 3 IDIOMAS. BESOS
ResponderEliminarNo me canso de decirlo! Que bien escribes.
ResponderEliminarHola, Themys...
ResponderEliminarUn relato de aquellos que siempre me han gustado, lo digo por lo del escenario y su trama en medio de arte y cultura; la niña me recordó a mi hija, cuando la llevé por vez primera al auditorio departamental de música, quedó embelezada.
Y el final que le pusiste me dejó un poco desconcertado, pero ya lo entendí.
Un abrazo.
Iba todo tan bien.... hasta que la realidad arrancó de un zarpazo la tráquea de la belleza.
ResponderEliminarBien. Es así.
Besos.
Roberto, precisamente es esa metáfora la que quería pintar.
ResponderEliminarMyr, gracias por tu saludo, espero que estés bien. Cada mundo interno es otro laberinto. Creo que al final todos tenemos el hilo, algunos decidimos no levantarlo.
Angeles, sí. Para que recordemos que nada es para siempre.
Guido, gracias por tus palabras tan lindas... aunque... esto es una labor en proceso, que espero mejore con el tiempo.
Rafael, me alegra que te haya llevado a un recuerdo personal. El final es crudo, pero es muchas veces cómo quedan muchas personas que trabajan para los gobiernos.
Toro Salvaje, pues sí, esa era la idea, un golpecito de sorpresa.
Abrazos.
Coincuido en que es un relato exquisito, y es correcto dejar que los personajes dirijan su propia historia, ellos a fin de cuentas dirigen su destino, aunque uno como escritor sea Dios aveces.
ResponderEliminarSaludos a deshora.
Tus historias me encantan, me pareció que ya había escrito sobre esta entrada, pero en estos días estoy como en el limbo. Tu escritura ya tiene su propia definición y en cuánto a los personajes, dice muy bien tu maestro son el alma del texto siempre sin ellos no hay trama, tu texto es excelente. Un abrazo Themys
ResponderEliminarHola Themys
ResponderEliminarHoy vine a visitarte, y leí este relato (en sí vine buscando el Valle de Melita jajaja) pero justo a mi madre se le antojó llamar a Cuba, y como no sabe marcar el internacional me tocó. En fin, que he vuelto.
Me gustó este relato, especialmente el final; a veces estamos tan inmersos en lo nuestro que las víctimas terminan siendo nuestros hijos.
Respecto a lo que dices del Valle, he sonreído. Es cierto, tómate tu tiempo para organizar a los personajes, pero… ¡Que no sea mucho! Jajaja. Aunque como dicen por ahí, entre col y col…¡una lechuga!
Gracias por pasar a visitarme.
Besos
Hola, pido disculpas por este mensaje,pero estoy con muy poco tiempo y no puedo visitar a todos los espacios que tanto valoro.
ResponderEliminarUn abrazo
MentesSueltas
Amorexia, a mi me sucede que la historia no me sale como me la planteé, por eso ahora tengo que reorganizar las ideas.
ResponderEliminarMixha, yo creo que todos estamos en el limbo la mayoría del tiempo... ahí se encuentran muchas cosas interesantes.
Vivian, jajajaja... lo que pasa con Melita es que se me metió un poco histórico y he tenido que hacer un poco de investigación para no ir en contra de las costumbres de otro siglo...
Tu página es una de mis favoritas, se me olvidó que le habías cambiado el nombre y estuve un rato lamentando no encontrarla... pero después lo recordé.
MentesSueltas, puedes venir cuando el tiempo te lo permita, aquí no hay ataduras.