De su rostro recuerdo muy poco, y me llega en fragmentos, quizás porque hace tiempo quise borrarla de mi mente. Era linda, eso sí. Tenía ojos grandes, verdes, pelo lacio y piel oscura. Parecía una princesa hindú.
Tocó en mi habitación un sábado a mitad del semestre, porque en mi puerta solo había un nombre en lugar de dos. Eso fue lo que me dijo con los ojos inundados antes de contarme sus conflictos con su entonces compañera de cuarto en el mismo dormitorio universitario. En realidad, yo no podía impedírselo, ella no necesitaba mi permiso para solicitar el cambio.
Al principio todo marchaba bien. Era aplicada, organizada y alegre, y por tener pocos amigos, la invité a cenar con los míos en varias ocasiones. De noche hablábamos mucho, ella más que yo. Me contaba sobre su familia, sus raíces, su religión, su padre, que era sumamente estricto. Una noche, me confesó que se había enamorado de un muchacho que vivía en otro piso del edificio, pero que su familia nunca le aceptaría un novio de otra religión.
Lo que sucedió después me envolvería en ira, asombro y miedo. Comenzó despertándome a medianoche para decirme que el muchacho no le correspondía o que su padre la odiaría. Me hablaba y se perdía en su propia conversación, saltándose tiempo y espacio, olvidando personajes y sitios sin darse cuenta, con los ojos enfocándose en mil cosas a la vez y a la misma vez, en nada.
En otra ocasión se puso a llorar cuando mis amigas y yo criticábamos el póster de una modelo extremadamente flaca, mientras charlábamos en el cuarto de un amigo. Ella se marchó histérica, y todos me miraron sorprendidos en busca de explicaciones que yo no sabía darles. Después de ese incidente, casi no comió por una semana, y salía a las cinco de la madrugada a correr por todo el campus.
Mientras tanto, continuaban las despertadas nocturnas. Se resistía ir a los sicólogos de la universidad, o a hablar con el residente encargado, mientras yo, medio dormida trataba cada noche de acortar las sesiones de llanto incontrolable. Poco a poco empezó a descuidar su mitad del cuarto y sus clases. Había bolsas y desorden en su escritorio, encima y debajo de su cama, en su clóset y pilas de ensayos marcados con F. Una noche, decidió que lo iba a limpiar todo, a las 2 de la madrugada. No puedo describir el espanto que me provocó el ruido de la aspiradora en el cuarto completamente oscuro. Esa noche perdí la paciencia, me levanté de la cama, apagué el aparato y la mandé a acostar.
A la mañana siguiente, parecía que había mejorado, pero en la tarde llegué a pensar que había perdido por completo la razón. Tomó la aspiradora y la vistió con su ropa, le puso faldas, blusa, una bufanda. Me dijo, "esta soy yo", mientras adornaba la máquina, "y esta es mi vida", y colocó una caja de cereal encima de la base.
Curiosamente, no había forma de que la cambiaran de cuarto porque ella no presentaba una amenaza para mi, pero eso no era lo que yo sentía cada noche. Por eso fui a hablar con el residente encargado y le dije que le iba a caer a golpes, yo a ella, si no la sacaban. Era además, la única forma de conseguirle ayuda. La mandaron a su casa y allá la internaron en un centro mental.
Después de unas semanas, sus padres regresaron a recoger sus pertenencias. Su madre, con los ojos aguados, miraba incrédula la cama de su hija, revisaba los ensayos, recogía su ropa del suelo con una angustia en la mirada imposible de describir. Una lágrima rodó. Se acercó a mí y me pidió razones, en un inglés que bastante le costaba pronunciar.
Le dije que ella no era así antes, y la señora lo repitió tragándose las lágrimas. Lo pensé mucho antes de contestarle, pensé en la ira de su padre, en que quizás ella misma no entendería, o en que tal vez sonaría inconcebible.
Fue por amor.
Qué fuerte... Estas historias me hacen sentir la fragilidad del ser humano...
ResponderEliminarUn abrazo.
La soledad laberíntica que a veces hace estragos en el corazón y el alma. Esa delgada línea que todos algún día podemos atravesar.
ResponderEliminarMuy buen relato Themys, bien escrito, lleno de dolor y sentimiento.
He tardado en dejarte el comentario, aunque ya había pasado antes por aquí. Estuve de viaje y ahora que he regresado el ritmo vuelve a ser lo mismo: agotador ;)
Gracias por venir donde creamos el tiempo, espero que vuelvas! Yo seguiré paseándome por tu camino.
Un abrazo
Hola, Themys...
ResponderEliminarInteresante relato, a veces el amor irrelizado e incomprendido, nos puede llevar a perder la razón.
Entonces resultamos perdidos en un complejo laberinto mental.
Buena la trama, lo va llevando a uno hasta el final.
Un abrazo,
Rafael H.
No se. Pero creo que cuando se ama de verdad no se pierde la cabeza. Creo que con la cabeza tambien se ama. Esas emociones son peligrosas. Pueden causar muchas tragedias.
ResponderEliminarEsto da pena. Pero pasa mas frecuentemente de lo que la gente piensa. Espero que ella se haya curado de su mal, y que haya logrado ver la vida de una manera mas simple y feliz.
Besos y abrazos.
Lo interesante de tu relato estriba en la posición del narrador frente al conflicto. La que cuenta no parece implicarse demasiado en los evidentes "pedidos de socorro" de la muchacha de ojos verdes: simplemente los comenta desde un lugar sólidamente consolidado, políticamente correcto. Y sin embargo, a juzgar por la respuesta que le da a la madre, había comprendido cabalmente la situación.
ResponderEliminarQuiero decir con esto que la mirada de la narradora es bastante parecida a la que suele tener la sociedad, en general, cuando alguien "distinto" le "desordena los papeles".
Me "enganchó", Themys, es muy bueno!!!
Abrazos, amiga, desde este mar del sur.
REL
Themys, este esta muy bueno...desde el principio me atrapaste, me envolviste en la historia...y lo lei dos veces porque la primera mami y Kelvyn me interrumpian...sabes, cuando uno se enamora hay veces que nos olvidamos de nosotros mismos...no es que perdamos la razon...pero que la misma se nos esconde...
ResponderEliminarNo se si te conte...pero tengo una amiga pentecostal y el jevo catolico, me han pedido consejos de como lidiar con eso. Se aman, pero piensan que las familias no aceptaran su relacion...despues de varios subeybajas, que crees? ahora ambos bandos se llevan super bien...que viva el amor...no?
Y que pena lo de esta chica...no siempre las historias tienen un final feliz.
Posiblemente el amor nohaya sido la causa, sino el aparente desencadenante.
ResponderEliminarMe pareció muy interesante el comentario que te hace Roberto Esmoris, sobre la postura del narrador.
Yo creo que existe un borde que no se puede atravezar, porque en el psicotico el sistema simbólico está perturbado y l comunicación se vuelve imposible.
Puede haber una gran voluntad de ayuda, que va sí o sí a naufragar en el fracaso.
Para involucrarse desde el lado de una yuda, están los profesionles.
Saludos
Angeles, a mi también me impresionó esa fragilidad.
ResponderEliminarGargola, gracias por tus palabras y por tu visita... me emociona que te haya gustado.
Rafael, lo malo es que uno nunca sabe cuándo eso puede ocurrir... o si le puede pasar a cualquiera.
Multi, tengo entendido que después de un tiempo, ella se mejoró y continuó con su vida bastante bien.
Roberto, muy buena observación, pero creo que todo, cuando se mira desde un punto de vista retrospectivo presenta señales obvias, que en el momento de los hechos son difíciles de ver, especialmente cuando no se cuenta con la edad ni el conocimiento sobre estas cosas o cuando hay diferencias culturales de por medio.
Enny, love u!
Umma1, tienes mucha razón, es muy difícil convencer a una persona en este estado a que escuche consejos si uno no es experto en eso y aún si lo es.
Gracias a todos, un besote!!!
como dice pablo milanés
ResponderEliminarla soledad es un pájaro multicolor...
así es
pero peor es ser un solitario
entre el estar y ser
hay mucha diferencia:-)
muakismuakis
Nos diste una imagen muy poderosa, esa la de la aspiradora con ropa. Me hiciste recordar la conversación que tuve una vez en un bar con un amigo hindú, que me decía que le gustaban las blanquitas pero que en su familia nunca la aceptarían.
ResponderEliminarTambién me hiciste recordar la tragedia del Virginia Tech.
Por suerte en este caso, la ayuda le llegó antes de que ocurriera algo lamentable.
Esperemos que esté mejor.
Saludos
Excelente historia muy realista, cuánta soledad y dejadez hay en el alma humana. Se siente tan trsite y verídica . Muy buena historia la puedo ver a través de tus letras, un beso
ResponderEliminarFue por amor. O falta de...
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