lunes, 3 de noviembre de 2008

Los peores días - Parte 2

Hay veces que no merecemos las cosas buenas que nos pasan. Lo admito. Y hay veces que las más fuertes bofetadas de la vida son simplemente, los recuerdos.

Poco después del incidente en el autobús, con el corazón todavía rezumando ira tras el cambio de ambiente escolar, supe que un grupo de chicas de la escuela planeaba caerme a golpes. Al parecer, esa era la tradición cuando llegaba algún alumno nuevo a mitad de año. Me lo dijo una compañera de clase, un día que almorzaba sola en una esquina de la cafetería, sin el más mínimo interés de integrarme al grupo.

Se acercó a mi mesa como una hoja seca. Si alguna vez alguien puede personificar la impresión exánime que deja el otoño, la pintaría a ella. Era tan flaca que parecía una ramita, y si no recuerdo mal, su nombre significaba algún arbusto de aromáticas hojas azules; pero ella era casi igual de pálida como la muerte. Hablaba bajito, tanto así, que sonaba como si todo lo que decía fuera un secreto. Su pelo lacio, despeinado me hizo pensar en los boches de mami cuando llegaba con una greña del colegio y me gritaba, ¡Muchacha, van a decir que tu no tienes mamá, vete a peinar! Y me sumí en un profundo silencio cuando "la ramita" me confesó, mucho después, que extrañaba demasiado a su madre.

Cuando me dio la noticia de la supuesta golpiza, no hice nada más que encogerme de hombros y despreciarla con mi postura. Ella se alejó tan silenciosa como se había acercado, como si se la llevara la brisa. Y yo me quedé en medio de aquella horrorosamente enorme cafetería, donde servían pizza y papas fritas de almuerzo, cuando era hora de comer arroz con habichuela, un detalle que por varios minutos me dio vuelta en la cabeza, hasta que asimilé lo que acababa de escuchar y otra vez se me fue el corazón a los pies.

No terminé de comer. Planeaba subir de inmediato al salón de clase, al menos lo intentaría, y aproveché que uno de los maestros, guardianes de las puertas hablaba con unos niños y escapé por las escaleras. Un rato después llegó ella, y se recostó de la pared a mi lado sin decir una sola palabra. Entonces entendí que había sido demasiado fácil para mí burlar la seguridad.

Llegaron altaneras con fuego en los ojos. No podía distinguirlas de los mirones que ya se reunían en el pasillo decorado con la falta de profesores. Para mi gran sorpresa, empezaron a gritarle y a insultarla por haber frustrado su plan. Una de ellas la sacudía por el brazo mientras "la ramita" aseguraba que no había dicho nada. El griterío era ensordecedor. De pronto ella se desmayó; cayo al suelo como una flor marchita. Un par de chicos la levantaron para llevarla a enfermería, pero cuando se alejaba, la vi claramente, aunque confieso que fue muy breve, abrir un poquito los ojos.

A una de las abusadoras la vi no hace mucho entrando a un restaurante mientras yo salía. No me reconoció. Pero el recuerdo de ese momento volvió a castigarme, esa misma vez cuando rechacé una mano amiga con una mirada de desdén, cuando la ví desaparecer entre la multitud de cabezas y mochilas; y me aterrorizó el pensamiento de que quizás, la próxima vez, no tendría tanta suerte.

Foto: Internet

5 dejaron una pista:

  1. Qué experiencia!!!
    Son casi como de una selva no?..
    Nos enseña a defendernos sin cambiar nuestra esencia..todo un aprendizaje.
    Un beso.

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  2. Los niños en las escuelas de EEUU no son iguales a los de Dominicana. No conocen el honor de una pelea y se lanzan todos a pegarte con una furia increible, hasta los que son amigos del desdichado se gozan el acontesimiento. Nunca entendi esas peleas y porque tanto salvajismo.

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  3. es un mal momento, pero lo bueno de esto es que nos ayuda a seguir adelante

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  4. Me sorprende mucho tu actitud, cuando la flaquita te previno. Es difícil de explicar una reacción así cuando se trata de algo que nos va a ayudar bastante.

    Me gustó mucho la descripción de esa niña, la ramita.

    Será que se hizo la desmayada para que no la sonaran?

    Por suerte no hice le bachillerato aquí.

    Recuerdo que a unos de mis hermanos, después que pasó lo de las torres, un grupito de dominicanos le quería entrar. Creían que él era hindú. Cuando abrió la boca y se dieron cuenta que era dominicano lo dejaron tranquilo.

    Saludos

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  5. Baakanit, en esos momentos, no se sabe en quien confiar. Son tantos los cuentos que te hacen, que a veces no sabes quien te dice las cosas para ayudarte y quien lo hace para meterte miedo.

    Yo creo que ella se hizo la desmayada, pero nunca llegaron a hacerle nada.

    Que duro lo de tu hermano, y creo que entre hombres las cosas son más rudas.

    Un abrazo.

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