Fue el peor de mis primeros días en este país. No sabía hablar mucho inglés y para colmo había llegado a mitad del año escolar, en octavo curso. Una prima, menor que yo, a quien acababa de conocer un par de semanas antes se encargó de darme unos cuantos consejos. El primero y más importante de todos era no dejarse pisotear de nadie en el asqueroso autobús amarillo, o de lo contrario, el resto del año sería una pesadilla.Subimos a la guagua y ocupé uno de los asientos del medio, resignada a tener que tragarme a diario el olor a combustible quemado del destartalado vehículo. Ese día, llevaba un cintillo azul en la cabeza; me lo había regalado mi hermano mayor un día que ganó un concursito en el colegio Santa Clara y eligió su premio para mí.
Desde que el autobús se detuvo en esa parada, sentí que algo andaba muy mal. Traté enfocarme en un enorme agujero en el cuero del asiento delantero, pero ella ya tenía algo planeado para mí. Era una muchacha enorme, que caminaba con pasos de elefante por lo que se hacía sumamente difícil diferenciar si el tambaleo del bus se debía a ella o a la carretera. Se sentó justo detrás de mí.
Volví al Santa Clara, estas cosas no pasarían allí. Podía observar hacia cualquier dirección sin correr el riesgo de que alguien se ofendiera si por alguna razón su mirada se cruzaba con la de otra persona. No se pensaba de ese modo, al menos, no en mis tiempos.
El jalón me regresó a la realidad. Me puse de pie, sin pensarlo demasiado y le arrebaté el cintillo de las manos con el cráneo aún adolorido. Le di una mirada amenazadora y me senté lentamente en mi asiento esperando la primera golpiza de mi vida, en manos de una monstruosidad de muchacha. Se me fue el corazón a los pies. Avanzaban los segundos y aún no había sentido el primer golpe. Repasé lo que le iba a explicar a mis padres y pensé en algunas de las peleas con mi hermano, como para practicar en mi mente.
Un par de niñas de origen hindú, me miraban aterradas desde el asiento al otro lado, agradecidas al mismo tiempo de no estar en mi lugar. Hubo un silencio punzante en todos los asientos a mi alrededor. Y yo ya ni sabía si se me había caído la máscara de fortaleza. ¡Que dura, y absurda prueba de fuego! Lo llegué a pensar, acababa de salir de un país en vías de desarrollo... a una verdadera jungla desarrollada. Me salvé de la paliza y la muchacha nunca más se atrevió a molestarme de nuevo, pero otros no tuvieron tanta suerte, o sus miradas no fueron lo suficientemente convincentes, o sus verdugos eran aún más sanguinarios; como lo que se escuchaba de algunas de las escuelas del Alto Manhattan y que motivaron a mis padres a no instalarse allí sino en las afueras.
Señores, era todo lo mismo, a veces hasta peor. Gran parte de la clase media de nuestro país, aquí bordeaba en la pobreza. Y en los vecindarios de escasos recursos, los problemas de comportamiento de los niños son esencialmente los mismos, sin importar la nación donde se encuentren.
Foto: Internet c/Photoshop
¡Hola, Themys..!
ResponderEliminarGracias por visitar y comentar mi blog, me imagino que llegaste a él por Angie que amablemente me tiene entre los amigos.
A veces se debe aparentar ser rudo para sobrevivir y hasta para recuperar un cintillo azul.
Saludos desde Colombia.
Al final todo salió bien, aunque con miedo te diste a respetar, entonces no considero que el día haya sido tan malo del todo. Si te hubieses dejado intimidar entonces la historia que estarías contando sería otra.
ResponderEliminarSaludos
Rafael,
ResponderEliminarFue una situación muy incómoda porque no estaba acostumbrada a ese tipo de reacciones...
Gracias por tu visita.
Baakanit,
¿Que no qué? Esperate la parte 2.
Un abrazo.
Gracias por visitar mi blog y tenerme presente en el tuyo. En reciprocidad coloque el tuyo en el mio.
ResponderEliminarMe gusto mucho tu post, debo reconocer que no sabia que entre las chicas existia este tipo de problemas y abusos.
A mi me paso algo similar cuando entre a un colegio internado a los 8 anos. Como era el menor del dormitorio, algunos de los muchachos se dedicaron a abusar conmigo.
Eso hasta que un dia con una pelota de baseball le propined un golpe al mas grande... nunca mas me molestaron.
:)
P.D.: Gracias a dios solo dure 1 ano ahi...