El camión trotaba con afectación por la carretera cual novato bailarín metálico. Me alivió que el olor a gasolina se desvanecía con el agua, y que no me estaba asfixiando con el polvo del deteriorado sendero; pero a la misma vez, tenía ganas de viajar de pie, sentir la brisa en mi rostro, extasiada como el que saborea por primera vez la libertad.Es en esos instantes cuando te olvidas de las expectativas sociales, de tus debilidades, de las cosas que te faltan por saber y de las que ya sabes pero te desagradan. El viento se lleva, por ese breve tiempo, libre de inhibiciones, todo lo que le puede preocupar a una mentecita principiante.
Mis escapadas a los pensamientos no disminuían la novedad de viajar en la parte trasera del camión, al contrario. También me entretenía con los chistes del primo de Yadlin, uno de los hijos de la cuñada de mi tío, un rubio de ojos verdes, que en aquellas fincas, parecía un girasol en un rosal. Sin embargo, no podía resistir perderme en el sonido de la lluvia sobre la lona azul, que retumbaba como un amor atormentado que te toca la puerta con desesperación, pidiendo tu perdón. Pero el campo no tenía nada que ofrecerme, excepto bellos paisajes cuyo verdadero mérito aún no sabía valorar.
Marola, 'tá cayendo granizo, dijo el primo de Yadlin. Maro le corrigió la frase, pero no le creyó, por ser su personalidad tan juguetona.
Eh verdad, Marola, me cayó un granizo en el deo', lo saqué pol' la lona.
Eso sí que se oye mal, «en el deo'», Marola lo ignoraba sonriente, mientras mis ojos se iluminaban. Nunca en mi vida había visto granizo, era cosa de leyendas, al menos para mí. Quería levantar la lona, echar un vistazo, Me imaginaba todo el paisaje lleno de hielo, lo más cercano a la nieve; otra de las cosas que estaba segura nunca iba a ver, y si lo hacía, sería dentro de mucho tiempo. Pero Marola continuó incrédula y no hicimos nada para confirmarlo.
Unos momentos después... Marola, 'tá cayendo graniiiiizo. Maro estaba a punto de regañarlo cuando, el camión se detuvo a la orilla de la carretera, debajo de un árbol.
Maro, te dije que 'taba cayendo granizo.
El ruido cobró fuerza, mi amante desesperado estaba furioso. Su ataque fue breve, pero poderoso. Nos aferramos, rogando que no se desatara ninguna de las esquinas de la lona para que no nos cayeran los pedazos de hielo en las cabezas. De pronto todo se detuvo.
Salimos del escondite y vi el paisaje más impresionante de mi vida: todo cubierto con bolas y pedazos de hielo grandes y pequeños, todo el panorama hasta donde alcanzaban mis ojos. Campos enteros se veían pintados de verde con blanco; lágrimas frisadas, el hielo rodando en el camión, en la carretera; sus sueños derritiéndose, y una leve llovizna como una suave y fría mano campestre, acariciándome la cara una última vez con sus gotas de amor, comprendiendo al fin, que algún día se adueñaría de mi corazón. Simplemente, no en ese momento.
Foto: Internet
Muy bella historia.
ResponderEliminarEsas tormentas en el campo son imponentes y quedan grabadas en la memoria. A mi me encantaba comer las bolitas de granizo.
Gracias por el paseo.:)
Que final mas bello, pude ver el granizo, y hasta el verdor.
ResponderEliminarGracias por tanta belleza.