He pasado la última semana y media hurgando en los rincones de mi mente detrás de una ambrosía de palabras y emociones; persiguiendo, obsesionada, una inspiración que apenas se dejaba sentir y que me atormentaba jugando a las escondidas conmigo. Cada día se ocultaba para lanzarme anzuelos desde las sombras y en momentos, desfilaba frente a mi, vanidosa, no sin antes cubrirme las venas con su néctar, del cual bebía yo, ahogando al mismo tiempo mis oídos con melodías que había conservado por meses, para un día triste, de lluvia, de esos que te empujan a destapar los sentimientos mejores guardados.Cuando por fin, se dio cuenta de mi persistencia, me tomó de la mano llevándome por un sendero desde donde se desprendían miles de caminitos verdes, llenos de sembradíos que esbozaban versos casi transparentes en espera de alguien que los desprendiera de raíz y los iluminara de color. Pinté de rojo o negro sensaciones calladas, y tracé recuerdos de perfil manchados de blanco, gris o azul. Tropecé, sin querer, con varias memorias amargas y las taché con una cruz, pero su regusto me dejó sentada, sumida en reflexiones plateadas.
Al terminar de ordenar todas las ideas y apagar la música, me sentía tan agotada, como si se me hubiera evaporado la sangre y quemado el cerebro. Por ahora estoy en proceso de recuperación, luego de enviar mi primer poemario a un concurso de poesía y gracias a una excelente técnica que aprendí por ahí.
Foto: Atardecer camino a Miami desde Tampa.
Me alegra que te haya gustado la técnica... de verdad que sí. Estos días han sido como para vivir y respirar sin darse cuenta, para no darle al sueño ni un segundo de victoria... a veces como que 24 horas al día se hacen insuficientes para vivir. Pero nada, sobrevivimos y sobreviviremos. Un abrazo desde la siberia caribeña entre paredes.
ResponderEliminar