El VIII Festival de Poesía en la Montaña ...en mis palabras

lunes 6 de septiembre de 2010

El viaje lo había planeado desde hace mucho. La despedida, no tanto. Adri quería entrar al aeropuerto para decirme adiós. Imposible. Por eso aceleré el paso, di un par de besos rápido e hice la fila de la aerolínea, buscando en mi interior algún buen sitio donde esconderme. La iba a pasar bien, pero cuando todo un mar te separa de tu hijo, la hiperactividad de un aeropuerto es capaz de agigantar las más insignificantes ansiedades. ¡La iba a pasar bien, CONTRA! ¡Ellos también! Por eso un contratiempo que le añadió cuatro horas a mi viaje sirvió para reflexionar sobre muchas cosas. Finalmente iba a tener tiempo para escribir un par de poemas, olvidarme de políticos, de calendarios, de la posibilidad de haber llevado sin darme cuenta una chinche de esta hermosa urbe, hacia mi casa, y dejar de revisar las camas y las alfombras decenas de veces cada noche en caso de que el nuevo cuco de la Gran Manzana haya cruzado la frontera de El Bronx. Sí, la iba a pasar de maravilla en la montaña que desde hace un año he deseado volver a visitar.

Por alguna razón que no me apresuraré a analizar extensivamente, el ambiente en el Festival de Poesía me permite ser yo misma sin muchas intrusiones. Entre los poetas, no tengo que intentar ser más sociable de lo que puedo ser naturalmente. La gran mayoría entiende que estar solo no significa soledad, que el silencio no necesariamente significa tristeza, que una sonrisa dice más que mil palabras y que los alrededores del Centro Salesiano de Pinar Quemado te dan licencia para observar desde el margen y aunque no quieras; sin que te tachen automáticamente de odiosa.

Al llegar a Santiago, conocí a un señor muy simpático que me procuró Taty Hernández, gestora de este encuentro de poesía, en su octava edición. El recorrido hacia la montaña se sintió tal vez un tercio menos de lo real y fue porque el caballero adornó la trayectoria con detalles sobre viajes a Haití, sobre Jarabacoa a través de los años, su familia, de paisajes, activismo y educación. Y de algún modo sentí que su calidad amena se conciliaba demasiado bien con las durísimas privaciones que resaltaban sus canas.

Pinar Quemado me supo de inmediato a una bocanada de aire fresquísimo. ¡Una ducha fría y empezaron los versos! Hubo una niña de nueve años que deberían colocar en una cajita de cristal, porque es que va a ser una estrella cuando empiece a escribir sobre las vivencias que aún le falta por tejer. No pretendo hacer un recuento de todos los poetas que acudieron porque otros han hecho ya reseñas mil veces mejores que cualquiera que yo podría ofrecerles. Sí tengo que decir que me gustaron muchos de los poemas y presentaciones, en especial la de Luis Arias, cuya intensidad estremeció tantas sensaciones y fue tan profundo, que su repetida frase “¡que salga un guapo!” estuvo resonando en las conversaciones días después.

Aproveché la mañanita del sábado para dar una vuelta y captar imágenes del aliento de la naturaleza, mientras unos cuantos luchaban con la esperada resaca, cuya catálisis es indigna de arrepentimiento. Luego siguieron interesantes conversaciones con caras nuevas y algunos poetas que recordaba del año pasado. Para ese entonces, ya había tenido que aclarar mi nacionalidad como cinco veces. El chofer me creyó colombiana, unos cuantos me asumieron boricua, otros árabe, y aunque P. Rodríguez me preguntó si era italiana, fue en realidad el único que vio más allá de una naturaleza pasiva. “Tu lo que quieres es pasar desapercibida”, me dijo.

Una gran sorpresa para mi ese fin de semana, en cierta forma sobrepuso a la poesía. Allá conocí en persona a Argénida Romero, cuyos poemas he seguido por buen tiempo mediante su blog y una amistad de Facebook. Pero conociendo mis limitaciones en la extraversión, la transición de lo virtual a lo real (como diría mi amiguito Baakanit), fue fluida y sincera; como si nada más fuera una cuestión de una pequeñísima distancia en tiempo y espacio. Muy parecido a lo que me ocurrió con Alexéi Tellerías el año pasado.

Me dio también mucha ilusión haber conocido a un señor, muy mayor y coqueto por cierto, que por coincidencia había sido abogado de mi abuelo. Su forma de hablar me recordó a papi y le pregunté de dónde era. Cuando me dijo San Francisco de Macorís, lo inundé de preguntas sobre aquel vínculo consanguíneo excluido de toda conversación familiar, y me dijo entre otras cosas, que mi abuelo fue en su mayor parte muy justo. Tanto así, que cuando mataron a Trujillo, a él no lo fueron a buscar. ¿Jumnnnnn? De todas formas, el señor me cayó de lo más bien. Y estaba en el evento no por ser poeta, sino porque le gustaba escuchar el arte. Y ahí es donde todavía no me convencen los argumentos de que hay que bajar la poesía de la loma para que otros la disfruten. Al que le interesa, va tras ella.

La noche que me tocó presentar, tenía unas siete opciones de las que planeaba elegir tres, como el año pasado. Al principio avisaron que sólo iban a ser dos, por cuestiones de tiempo. Alguien protestó. Y pensé por un momento que aquellos desvaríos de nuevas religiones y conflictos con Freud que soporté el día anterior contribuyeron a la falta de tiempo hacia el final. Sin embargo, más que el uso del programa para discursos esotéricos, me frustraba que ahora la decisión era más difícil para mi. Por suerte pudimos leer tres. Escogí en el momento, sin ciencia alguna; tal vez no lo mejor de lo que había preparado. De todas formas creo que gustaron.

Al final de la presentación llamé a mi esposo para contarle. Me dirigí hacia el árbol en la entrada del Centro, que era más bien la antena de la telefonía celular de la zona. Era uno de los pocos sitios donde había señal, y me recordaba mucho a los televisores que hace décadas, muchos tratamos de sintonizar con una percha. Apunté a todos lados, y al final no pude contarle mucho. Colgué. Alguien me llamó a bailar y bueno, a falta de pan, casabe; en este caso, “Plomo, plomo, plomo, plomo...” (Tal vez con una bailadita los termino de convencer de mis raíces).

A las once tocó la última canción, pero la noche todavía era una bebé para la juntilla en la que me quedé. Lo que siguió fue mucha chercha, vino y versos, gente maravillosa y críticas constructivas, ¿o aniquilantes? Tal vez algo más importante, llegar a conocer que mi poesía ha madurado bastante en estos últimos años; y al mismo tiempo que tengo tantas cosas más por perfeccionar. Aunque, a lo mejor fueron sólo los efectos del vino.

Me despedí de Jarabacoa al otro día con un tour ecológico (que casi me pierdo, por obvias razones). Y Jarabacoa se despidió de mi quizás, con el comentario que me hizo un gran poeta y escritor, “deberías tener prohibido salir del país” ...una idea que exteriorizó el perrito en la casa-fábrica de quesos que visitamos esa mañana, cuando me marcó de su propiedad. ¡Quién diría que la meada de un perro podría ser poesía!

Revivir

viernes 16 de julio de 2010

No conozco a muchos que hayan tenido oportunidades en la secundaria como las que yo tuve. No sé de persona alguna, cuyos maestros, aún décadas después de la graduación, hayan seguido siendo fuente de inspiración y de apoyo. Yo tuve dos, aunque ahora no sé si sólo me queda uno.

Estos últimos meses he sufrido la pérdida de un gran héroe. No física, más bien emocional. Y el descubrimiento de esa persona tan distinta a lo que me demostró de niña, me ha llenado de una angustia inmensa.

Mi experiencia con ellos trascendió los horarios de clase y el campus escolar. Fueron un par de educadores que llenaron el vacío que deja la inmigración a nuevas tierras, la desventaja lingüística, el desconocimiento de mis propios padres de la cultura y el sistema educativo americano. ¿Qué si fui afortunada? Un simple “sí” sería casi un insulto.

Muchos fueron los días que acompañé al director del programa de televisión a la sede de la junta de educación, donde estuve plenamente al tanto de los chismes que recorrían los pasillos y divulgaban los miembros de aquel burocrático organismo. Fue fácil, nadie se cohibía ante la presencia seudo-fantasmal de una niña que apenas se dejaba escuchar, cuya armonía con el silencio la hacía convertirse casi en una sombra; la de aquel señor tan alto y presuntuoso, determinado en desarrollar la personalidad que yo resguardaba como si fuera el más preciado tesoro.

Lo acompañé a entrevistar al alcalde, al vicegobernador y a periodistas de las principales cadenas de la ciudad de NY. Me consiguió una pasantía pagada, mucho antes de mi ingreso a la universidad. Creo que sólo me dio clase un día, y lo que dijo fue que lo único que necesitaba para aprobarla era saber cómo él prefería su café, porque después de allí, “no debía JAMAS de buscarle café a nadie”. Durante el verano de mi último año, y pese a mi fuerte protesta, me hizo aceptar un trabajo de edición para una organización artística. Los seguí durante todo el proceso de esculpido de unas piezas de mármol. El proyecto que hice a puras pataletas y boches, culminó con un reconocimiento del alcalde y una ceremonia que yo, la verdad, no merecía.

Por sus manos pasaron todos mis ensayos y poesías, y discutía con él todo el tiempo, especialmente cada vez que iba a su oficina con “una obra de arte” y salía con mis papeles marcados de rojo casi en su totalidad. Era una fuente de conocimiento que desde el principio entendí que no podía desperdiciar. Todo el mundo le temía. Me defendió con uñas y dientes de cualquier maestro injusto, a veces demasiado. A uno en particular, que se vanagloriaba por haber ido a la Universidad Columbia, por poco le cae a golpes por una historia demasiado larga, pero que resumo diciendo que era un latino que me reprochó el que yo pasara tanto tiempo con “esos gringos”.

A papi le dijo un día que quería que su hija fuera como yo cuando creciera. Y no sólo para mi fue un segundo padre. Mientras otros chicos le rogaban a sus papás por boletos a conciertos, mis compañeros de clase y yo implorábamos por una noche detrás de camerinos junto a Maná, por ejemplo. Llegamos al Palladium en limusina y nos pasamos una noche inolvidable al lado del grupo mexicano, Rubén Blades y King Changó. Y aunque fueron los veteranos de guerra quienes costearon gran parte de mi educación universitaria, no los habría podido conseguir sin él. No podrían entender mi profundo dolor si no supieran antes esos detalles; porque la deuda que le tengo a ese señor es y será siempre eterna.

Al terminar la universidad, y recibir una oferta de trabajo en la Florida, fui a pedirle consejos. “¡Vete!” Y me fui al Sur a probar fortuna, sin cama, sin muebles, sin siquiera un sitio donde vivir. El 11 de septiembre ocurrió mientras yo estaba allá. Después de cuatro buenos años decidí regresar a NY. Siempre mantuvimos contacto. Y un año o dos después, me lo encontré en un supermercado. Mi gran ídolo había envejecido tanto. Parecía un león sin trono. Ya me había enterado que el programa de televisión no era igual que antes. Aquella exitosa operación había sucumbido ante un conflicto interno. El me contó su versión. Pero ya yo había escuchado otra, y decidí darle su trozo de valor a ambas partes.

Hace poco descubrí que se había convertido en una persona amargada, intolerante y sí, racista. Después de la ley de Arizona, lo noté mas radical, anti-inmigrante, insensible. Hablaba de artículos que denigran a los indocumentados, desprendía tanta intransigencia hacia el español, y responsabilizaba a los nuevos residentes de este país de todos los problemas que ahora sufre.

No pude evitar recordar aquella vez que me hizo pasar las memorias de su padre italiano en un archivo de computadora y se lamentó no haber aprendido la lengua de sus antecesores. ¡Cuánto trabajo había pasado aquel señor, nada más y nada menos que como inmigrante! Pero la similitud que yo veo entre ambas situaciones parece inexistente para él y para muchos más en esta nación.

Estos últimos meses el conflicto me ha revuelto todo el interior. Ha puesto mi poesías de cabeza. Mi único recurso era conversar con alguien que pudiera entender la situación por la que estaba pasando, alguien cuya amistad, por cierto, había descuidado. Cuando escuché su voz no sólo pude enmendar el daño, sino que encontré el poco de alivio que buscaba; en alguien que había vivido lo mismo que yo durante esos momentos tan preciados. Me reconforta ahora, porque después de tal desilusión, reforcé los lazos de una amistad muy especial. En cuanto a mi maestro, no creo que exista palabra ni argumento que le haga cambiar de parecer. Y yo me resigno a soportar el tormento, dentro de una frase que siempre me repitió mi propio padre, “a las personas hay que quererlas tal y como son”.

Reloj de Arena

miércoles 27 de enero de 2010

Con el granito que cae sobre el montón
y el bulbo a la mitad,
tu vuelves, transparente;
como si acaso el universo
se volteara, de repente, por un sueño
Y una desoladora convulsión me escora
hacia el confín del orco
Porque si sólo en sueños me visitas,
es que ya has muerto

Si pudiera ofrecerte tan siquiera
la llama que esconden mis tizones,
ardería la arena en el norte primero,
la de abajo luego, de pilar a pilar
Me atrevería a deslizar el pudor por tu pelo:
rojo azafrán, mechones;
como el libidinoso ajuar del desenfreno

Si alcanzara el hueco del desliz polvoriento,
cerraría el escape con un lapso de besos
y jamás tu partida ahumaría lo eterno.

Donaciones

miércoles 20 de enero de 2010


Agua y Guarinas
te daría mi mensaje de texto
o tal vez, un plato de sopa caliente
o de una lona estrujada, la esquina
o el decimosexto suspiro del día

Más, falta otro aporte;
una canción de cuna...
o el cuento de un tren que en la loma ve un sol,
pero un sol tan redondo...,
o el de un niño, Sansón,
y sus cuatro bobitos,
bajo el roce plateado del resquicio de luna

Y es que no está en poder el buldózer
de tumbar los escombros de tu indeleble pena
ni al unísono pueden mil doscientos tractores
ocultar el producto de la Naturaleza

Sé, sí lo sé que esos brazos que añoras
habrían escarbado entre piedra y varilla
que no te abandonaron bajo piso tras piso

Estas noches de invierno cuando duermo a mi niño,
ansío que a tu catre llegaran mis cuentos
que oyeras una estrofa aunque fuera un murmullo
y lo estrujo
y te abrazo
y lo arrullo
y te mimo
como un día también tu mami lo hizo.

Si el miedo amara

jueves 17 de septiembre de 2009

Traigo ametrías de voces insufribles,
mugre de cerebros metálicos baldíos
con sangre de órgano de tubos
vagando inexistentes
Despierto por la noche
en busca de un grito sofocado de terror
No ofrezco nada injusto,
sólo perfiles clandestinos,
que desde siempre andan tras tu pista
para evocar nuestro primer encuentro repentino;
aquellas carabelas blancas,
tres te di de obsequio a los tres años
Y remojó tu llanto la almohada
Y sucumbí de gozo con tu susto

Ahora, años después,
tus dudas son tinieblas pesadillas,
envueltas en apariciones altas,
esbeltas, mártires encapuchadas;
enigmas de negro terciopelo
Cueros sin pelo, cuencas sin ojos,
bocas sin dientes, lagos sin fondo,
cuartos sin puertas, calles sin salida,
salidas sin ropa, brujas, demonios, reptiles, monstruos...

Todos me han invocado sin pensarlo,
y tu debilidad por mí me translimita
Mis siluetas eclipsan en tus sombras,
esperando ese pavor que las seduce,
que cierres los ojos en el pasillo oscuro,
que tararees una canción para ocultarme,
o que reces cuando me sientes cerca, eso me excita

Vivo bajo las uñas negras del que agarra el puñal,
y sobre el mango del mazo en el estrado
en el papiro, en los pixeles, en los verbos...
Pero aunque debería ser inmortal, no existo,
Y tú te empeñas, sin querer, en verme sosegado,
más, tu mismo temor me lame tus punzadas

Soy el quejido cobarde de los vientos,
la incertidumbre llana de la muerte,
Soy huérfano de madre, ateo y religioso,
soy lento o paciente, que es lo mismo,
soy bueno porque doy sin nunca ser amado
Puede que hasta sea un espejismo,
embovedo muchos nombres y apellidos
aunque hasta ahora sólo me has llamado miedo
y miedo tengo de quedarme solo.

La luna que despertó un verso

lunes 27 de julio de 2009
¿Cuál es el propósito, si todo se quedará suspendido en el tiempo, de hacer rasgos con la tinta? Si ya no aparecieras en aquel viejo reflejo, ¿te espantarías? Si no encontraras las migajas que dejaste en el camino, ¿te devolverías? Si los baches de la carretera te marean, ¿te apeas? Fueron días, o tal vez aún lo son, donde cada oración huele a rancio, porque, buscando la innovación, te diste cuenta de lo repetitivo que es el mundo y te acuerdas de aquella persona que te dijo que todo lo que piensas ya lo pensó otro antes que tú, hace siglos. Y en un esfuerzo por romper el hechizo te sientas frente a la pantalla con las dos manos flotando sobre el teclado, marcando oraciones de dos en dos, sólo para darte cuenta de que tu dedo aniquila, compinche de tus suspiros, cada letra, presionando casi con odio el retroceso, como si la tecla tuviera algo que ver con tus berrinches.

Entonces, una lectura debería ser la solución. Pero encuentras siempre las mismas oraciones por todas partes; ideas recocinadas, resancochadas, refritas, redigeridas y vomitadas cientos y cientos de veces. Y no es que hayas vivido tanto como para juzgar, es todo lo contrario. Te levantas una madrugada y ves el cielo negrísimo y la luna pintada de azafrán y te parece la luna más bonita del mundo, aunque sigue siendo la misma luna que ayer describieron quien sabe cuántos insomnes. Incapaz de abandonar aquella imagen, le das vuelta en la mente, en forma de infinito y decides que no vas a colocar otra luna, a suspenderla en este espacio, por más bella que fuera, por más anaranjada, como el eclipse que nunca has visto con tus propios ojos.

Cuando finalmente te rindes, te acuerdas de aquella vez que no te importaba ser una gotita del planeta, que no habían reflejos con los que compararse, que ni siquiera habías tomado el pan para dejar detrás de ti, cuando aún ni se te había ocurrido emprender algún tipo de viaje; emerge esa imagen tan tuya, tan original, que nadie nunca ha visto, sólo tú y que nadie jamás podrá entender, porque sólo tú viviste en esa cabecita de hace tanto tiempo. Para tu gran sorpresa, es ella quien te anima, con el recuerdo de alguna maroma sobre la hierba, o un papelito con dos o tres versos, o un libro sobre un príncipe con una flor, para que se lo leas. Es ella quien te dice que aquella luna rojiza que viste sí es especial, aunque te encuentres algún día con un huerto sideral lleno de ellas. Y escribes un poema.


Esta entrada puede que sea como mil otras...


...pero esa luna es mía.



Ella, de ayer

La niña de trenzas,
de cachetes rojos,
que deshoja la vida
a puras preguntas
y calla
que me busca a diario
entre papeles viejos
y amarillos retratos
cincelando recuerdos
y calla
que me espera inquieta
desnudando horizontes
con piruetas de rimas
sobre soles muertos
y calla
que llora y me llama
si se siente sola
y mengua mis dudas
con odas privadas...

...cizalla
las horas
los días
los años
cercena el momento,
interrumpe el espacio
sabe más que yo
y se niega a afirmarlo
hasta en la soberbia
que me emboza a ratos

Y esas noches tristes...

...cuando los amigos
son casi espejismos,
cuando la constancia
da frutos podridos,
cuando el cielo es negro,
la luna naranja,
quiero aquellas trenzas,
carmesí mejillas
y escasos abriles,
retornar el tiempo
y hundirme en su alma

Clausura voluntaria

lunes 18 de mayo de 2009
En la negrura del silencio;
atronadora de mentes,
cuando ansío la soledad
que entre tinieblas me abusa,
ya no sé si soy víctima
tumbada sobre el suelo
de fétido calabozo
o vil fiera salvaje,
porque me aflije mi estado
y soy feliz a tu asecho
desde el húmedo cubil
donde corroigo.

(Es que he necesitado un tiempo para estar conmigo misma, y porque me he puesto a trabajar en otros proyectos; pero principalmente porque la soledad a veces me llama y soy incapaz de desobedecer.)

E que eu não sei parar de te ouvir

martes 21 de abril de 2009

Rompió el silencio de la tarde abandonada, aquella voz.

Toda una vida de monótonos tonos clavados desde hace años en mi memoria, desde mi primer recuerdo para ser precisa, huyeron estremecidos hacia el rincón más remoto de mi existencia con aquel profundo clamor. Sonó el aire de ese pecho, con la vibración del cordal sobre sus manos, rozando con los dedos la sensualidad del momento que me separa de mi misma. La primera nota, paralizó mi pecho. O tal vez lo despertó. Porque desde esa noche me emborracho con su ritmo a veces juicioso, otras veces, feroz.

Jamás, con una voz en el oído, quise llorar de puro gusto, hasta que se me acercó a la oreja con su susurro grueso y grave, desprendiendo el tiempo del regazo del infinito. Un sorbito de la taza de café por la mañana, la ventana húmeda de las noches claras y los pasos del silencio ante un porvenir nublado exigen, todos, su rústica presencia. Y no hago más que complacerme, porque me habla como si fuera un secreto, mi destino. Nunca antes hallé en la angustia la belleza; entre su voz rasgada, que moldea la fortaleza para eliminar dolores y avivar los sueños. En el compás de sus dedos se me disuelve el alma evocando pensamientos que no me había atrevido a conciliar.

El pulso armonioso más allá de la frontera del ombligo promete hacer intensa la catarsis. Y me dejo llevar, rendida por la longitud de la onda. Lo escucho, seductor, aunque casi no lo entiendo. ♪Eu te darei o céu♪. Y si no, no importa. Vibran los cuerpos sonoros. No sé que pensar. Y sigo. Lo olvido todo: la luz, los ruidos, el pasado. Se acumula la vida en el lugar preciso; repliegues carnosos, incapaces de resistir un verso más. ♪Escuto no silêncio que há em mim e basta♪. La melodía cede poco a poco hasta que ya no queda más sonido que una paz abrumadora, pero a pesar del cansancio, quiero volver a empezar. E que eu não sei parar de te ouvir. Y repito otra canción. Pero, ¿es posible que una pieza surta tal efecto?

Tampoco lo creía yo.


Sobre este texto: Me inspiré en unas canciones que me tienen presa. Aquí les dejo una muestra...

Sao Gonca - Seu Jorge

En ésta, la voz entra en el 2:09 ...pero vale la pena escucharla completa.
Prá Rua Me Levar - Ana Carolina & Seu Jorge

Al.. 1:45
E isso ai - Ana Carolina & seu jorge

Los cumpleaños por Facebook

lunes 20 de abril de 2009
La facilidad de tener a mano la lista de cumpleaños de todos tus amigos es uno de los atractivos de la red social de Facebook, de la que muchos somos prisioneros sin querer, queriendo. Y aunque los repentinos y extraños cambios de diseño de su página inicial me hayan hecho perder de vista el aviso de cumpleaños de algunos, la práctica de dar las felicidades mediante el portal, al menos entre mi pequeño círculo social, sigue tan popular como siempre.

Hace unos meses, este fue el tema de discusión entre un grupo de colegas. Una compañera de trabajo decía que sus amistades le reclamaron porque ella envía sus "sinceros deseos" a algunas amigas y a otras no. Trató de explicarles que no entra a Facebook muy a menudo y que muchas veces, se le escapa uno que otro recordatorio, pero no logró aplacar el descontento.

Debo admitir que siempre he querido ser una de las primeras en dar las felicitaciones a mis panitas más queridos, aunque casi nunca lo logro. Pero yo no soy la única. He visto en muchas ocasiones, cuando llego mucho más tarde, que el que deja el mensaje primero hace alarde de ello, como si de alguna forma la cajita con tu foto al lado de ese par de líneas te convirtieran, automáticamente, en la persona que más piensa en el cumpleañero, en la que más lo quiere, o la que tiene los mejores deseos. Hace poco, por alguien muy especial, esperé hasta la medianoche para ingresar rápidamente a su perfil a colocar mi deseo; sólo para darme cuenta que en otra parte del mundo donde el día ya había comenzado, otra de sus amistades se jactaba de haberlo logrado antes que cualquier otra persona.

Otros puede que no lleguen a tanto, pero en el momento en que se dan cuenta de que alguno de sus amigos felicitó a alguien muy estimado en su lista, se apresuran también a hacer lo mismo. Y a pesar de que existen aquellos (cómo otro colega en la oficina) a quienes les desagrada el acceso a las fechas y los avisos de Facebook porque ya no sabes quién te da las felicitaciones de corazón o simplemente porque lo vio de casualidad, me da la sensación de que hay cierta competencia en el asunto.

Ahora empiezo a pensar que hay espacio para que la guerra se ponga más interesante. Hoy ya recibí mis primeras "felicidades" por Facebook, UN DIA ANTES. A ver si mi mamá se anima a seguir el juego, porque no me felicita hasta después de las 6:30pm, ya que, según ella, antes de ahí, yo todavía no había nacido.

Un nuevo capítulo

sábado 18 de abril de 2009

Hora de cambiar.

Llegó el momento de pintar las paredes y comprar muebles nuevos. Me dedicaré a mi libro en silencio hasta que pueda traerles la buena noticia. Por lo pronto, creo que me quedo con este diseño, a ver si no me canso demasiado pronto.

Abrazos.

P.D.: Pero no se me confundan... que yo no me marcho. Simplemente, el antiguo nombre ya no quedaba bien con lo que he estado publicando por acá. De hecho, tengo un par de cositas guardaditas para los próximos días.